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Lomas de Lúcumo: ingreso a la piedra madre



El invierno en Lima debe dejar de ser solamente sinónimo de cielo lúgubre, mañanas y tardes intensamente frías y una envolvente neblina que parece consumir todo a su paso, ya que precisamente estas condiciones son las que dan vida a un nuevo significado a esta época del año. Temporada en la que los cerros de pendiente suave y las quebradas orientadas hacia el mar se cubren de vegetación estacional: es tiempo de lomas, es tiempo de Lúcumo.

Si el óvalo de Santa Anita es el punto de encuentro más evocado para los destinos que tienen como vía la carretera Central, los puentes Benavides y Atocongo son los más requeridos para quienes desean escapar de la ciudad tomando como rumbo la vía Evitamiento y, posteriormente, la Panamericana Sur.

Por ello, ambos puentes son los puntos más recomendados para iniciar la ruta a Lúcumo, a donde se llegará luego de tomar el desvío a la antigua Panamericana para, pasando la ciudadela de Pachacamac, bajar en el paradero de carros que tienen como destino Quebrada verde, centro poblado rural que ha aprendido a proteger sus lomas y tomar provecho sostenible de ellas, a través del servicio de guiado y la organización de eventos como, por ejemplo, ferias gastronómicas.

El ascenso se inicia, precisamente, desde esta comunidad, donde es posible comprar agua y alimentos y a la que se le pagará cinco soles por el ingreso a las lomas, siendo el guiado totalmente opcional, servicio que es brindado por jóvenes del lugar muy carismáticos y que contarán a los visitantes una serie de historias que hacen aún más entretenido el camino.  

La ruta es ascendente desde el comienzo, no obstante, el nivel de exigencia es bajo, por ello – al igual que la cascada de Huanano – este destino es recomendable para hacerlo en familia y para entrenarse para rutas más exigentes en cuanto a trekking se refiere.  

Asimismo, es recomendable llevar una buena cámara para poder capturar el verde que envuelve el lugar, el amarillo de las flores de amancaes que dicen presente en varios tramos y los escurridizos insectos, lagartijas, mamíferos y aves que permitirán convertir esos pequeños momentos en verdaderas postales para el recuerdo.

También será recurrente a la vista una planta que ya es un símbolo en Lúcumo: la tara. Cuya presencia está retomando protagonismo gracias a campañas de reforestación que son organizadas por la citada comunidad, el grupo Comando ecológico y otras entidades privadas y del Estado que se están preocupando por conservar esta y otras lomas de Lima. 

Otra referente importante  es la denominada “Piedra madre”, a la cual se puede ingresar por un pequeño orificio en la tierra que da paso a una pequeña cueva que parece transportar al visitante a una era antigua, totalmente libre de presencia humana, momento sublime y mágico que luego será delatado por las casas que se pueden apreciar desde lo alto, vista amarga que solo es apaciguada por la lejana pero visible también presencia del mar.

Tras la “Piedra madre” aún hay más vegetación donde internarse y, con algo de suerte, será posible ver vizcachas, zorros y halcones. El recorrido puede hacerse en un solo día, el cual debe terminar en uno de los tantos restaurantes que ofrece el distrito de Pachacamac, ideales para recuperar energías y planificar una próxima ruta. 


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